Estamos en una encrucijada histórica en la que las creencias del pasado y las imágenes del futuro chocan, buscando imponerse unas u otras.

En pocas décadas el planeta se ha mundializado, creando una intercomunicación sin precedentes entre pueblos y culturas y una interpenetración de sus tradiciones, creencias, valores, modos de vida y concepciones del mundo.

Simultáneamente los avances tecnológicos provocan una apertura hacia nuevos horizontes y despiertan aspiraciones que estaban dormidas y que empujan al ser humano a querer ir más allá de lo conocido, más allá de los límites espacio-temporales admitidos.

Las repercusiones de la mundialización ponen en cuestión nuestra mirada e interpretación del mundo. En esta corriente irreversible y acelerada, los que tienen las riendas del poder intentan desviar la mundialización hacia la globalización, es decir, intentan uniformar todo lo que tocan en base al valor del dinero para ponerlo al servicio de sus intereses, destruyendo todas las diferencias socioculturales y provocando un mundo de conflictos, de venganza y de destrucción.

Sin embargo, en este mundo asfixiante comienza a manifestarse, con fuerza, una nueva sensibilidad, la de una humanidad con altura de miras en la que se pueden observar algunos signos que merecen ser investigados y profundizados, a saber: que el ser humano ocupa un lugar central en la sociedad a la vez que protege el medio ambiente y sus especies, que todos los seres humanos deben tener las mismas oportunidades, que nadie puede ser discriminado y que cada persona tiene derecho a rescatar su dimensión existencial, preguntándose legítimamente por el sentido de su vida.

Pero ¿cómo hacer realidad estas aspiraciones en lo concreto? ¿Cómo respetar y valorar el estilo y modo de vida que ha elegido cada uno? ¿Cómo respetar las distintas expresiones culturales? ¿Cómo favorecer la libertad de ideas y de creencias para que puedan expresarse libremente? ¿Cómo otorgar a todos los seres humanos iguales derechos y oportunidades en cuanto a educación, salud y calidad de vida, por ejemplo? ¿Cómo poner las avances científicos y la tecnología siempre al servicio y para el beneficio de la humanidad? ¿Cómo establecer una nueva metodología de conducta social basada en la noviolencia y la no-discriminación?

Sin duda que lo que nos une nos ayudará a responder a estas preguntas.

Conscientes del derrumbe de la sociedad actual y de los nuevos desafíos a los que nos enfrentamos, es bueno que nos imaginemos juntos, hombres, mujeres y organizaciones diversas, ayudándonos solidariamente e investigando sobre los nuevos modelos y paradigmas que necesitamos, construyendo un camino que nos lleve a ese nuevo mundo al que aspiramos: una Nación Humana Universal.

Manifiesto

  

Estamos en una encrucijada en la que las creencias del pasado y las imágenes del futuro chocan, buscando imponerse unas u otras.

En pocas décadas el planeta se ha mundializado, creando una intercomunicación sin precedentes entre pueblos y culturas y una interpenetración de sus tradiciones, creencias, valores, modos de vida y concepciones del mundo.

Simultáneamente los avances tecnológicos provocan una apertura hacia nuevos horizontes y despiertan aspiraciones que estaban dormidas y que empujan al ser humano a querer ir más allá de lo conocido, más allá de los límites espaciotemporales admitidos.

Las repercusiones de la mundialización ponen en cuestión nuestra mirada e interpretación del mundo. En esta corriente irreversible y acelerada, los que tienen las riendas del poder intentan desviar la mundialización hacia la globalización, es decir, intentan uniformar todo lo que tocan en base al valor del dinero para ponerlo al servicio de sus intereses, destruyendo todas las diferencias socioculturales y provocando un mundo de conflictos, de venganza y de destrucción.

Sin embargo, en este mundo asfixiante comienza a manifestarse, con fuerza, una nueva sensibilidad, la de una humanidad con altura de miras en la que se pueden observar algunos signos que merecen ser investigados y profundizados, a saber: que el ser humano ocupa un lugar central en la sociedad a la vez que protege el medio ambiente y sus especies, que todos los seres humanos deben tener las mismas oportunidades, que nadie puede ser discriminado y que cada persona tiene derecho a rescatar su dimensión existencial, preguntándose legítimamente por el sentido de su vida.

Pero ¿cómo hacer realidad estas aspiraciones en lo concreto? ¿Cómo respetar y valorar el estilo y modo de vida que ha elegido cada uno? ¿Cómo respetar las distintas expresiones culturales? ¿Cómo favorecer la libertad de ideas y de creencias para que puedan expresarse libremente? ¿Cómo otorgar a todos los seres humanos iguales derechos y oportunidades en cuanto a educación, salud y calidad de vida, por ejemplo? ¿Cómo poner las adquisiciones científicas y la tecnología siempre al servicio y para el beneficio de la humanidad? ¿Cómo establecer una nueva metodología social basada en la no-violencia y la no-discriminación?

Sin duda que lo que nos une nos ayudará a responder a estas preguntas.

Conscientes del derrumbe de la sociedad actual y de los nuevos desafíos a los que nos enfrentamos, es bueno que nos imaginemos juntos, hombres, mujeres y organizaciones diversas, ayudándonos solidariamente e investigando sobre los nuevos modelos y paradigmas que necesitamos, construyendo un camino que nos lleve a ese nuevo mundo al que aspiramos: una Nación Humana Universal.

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