No habrá paz sin justicia social, y no habrá justicia social sin una redistribución justa de la riqueza del Planeta.

El estado del medio ambiente se ha ido deteriorando durante décadas. La crisis ambiental tiene ahora una dimensión mundial y desde el decenio de 1970 ha comenzado a manifestarse en toda su plenitud, lo que ha dado lugar a un repentino cambio climático que está acelerando múltiples procesos también a nivel social.
Existe un nexo inseparable entre las guerras y la apropiación de los recursos energéticos (en particular el petróleo, del que depende toda la economía mundial) y los recursos naturales (bosques, tierras fértiles, agua potable, mares).
Lo que está sucediendo en Irán-Irak, Turquía-Siria, Kurdistán, Afganistán, Congo, Sudán, Brasil, Bolivia son sólo algunas de las manifestaciones más evidentes de los intereses de un pequeño grupo de poder liderado por los EE.UU., Rusia, China en el control de los recursos del planeta.
Los mismos flujos migratorios, éxodos de importancia epocal (desde el Medio Oriente y África, hacia Europa y desde el Sur de América Central hacia América del Norte) son consecuencia de las guerras en curso y de esta violenta carrera por el acaparamiento de recursos, y uno de los ejemplos más evidentes de desigualdad en la redistribución de la riqueza (el 10% de la población mundial posee más del 80% de los recursos, mientras que más de la mitad de la población vive por debajo de los niveles mínimos de pobreza, más del 12% muere de hambre y de sed).

Estamos siendo testigos de serios desequilibrios tecnológicos: hemos llegado a Marte, pero no podemos reemplazar el motor de combustión de nuestros coches. En muchas áreas metropolitanas del mundo la contaminación atmosférica es una de las principales causas de muerte. Invertimos en armas cada vez más sofisticadas, pero no podemos satisfacer las necesidades más básicas de la mayoría de la gente. A pesar del enorme progreso tecnológico que ha tenido lugar en los últimos doscientos años, el planeta se encuentra ahora en una condición límite. El progreso tecnológico ha permitido una existencia más cómoda, causando el retroceso de muchas enfermedades y prolongando la esperanza de vida (todo esto, sin embargo, sólo para una minoría de la población del planeta), pero al mismo tiempo ha saqueado los recursos del planeta, destruido el medio ambiente natural y llenado nuestro entorno de desechos y residuos peligrosos.

Se ha invertido la tendencia del ser humano a transformar el entorno a su favor, poniendo en peligro su propia supervivencia, bajo la presión de grupos restringidos al poder que actúan según reflejos primitivos, considerando sus propios intereses opuestos a los de los demás.

En la raíz de este desequilibrio se encuentra la violencia contra la naturaleza y contra los seres humanos, que se expresa en la explotación, la discriminación y el autoritarismo.

Por eso creemos que la ecología y la justicia social son dos cuestiones estrechamente relacionadas que pueden resumirse en el nombre de la Ecología Social.

Debemos dar vida a un “Principio de Responsabilidad” hacia todos los seres vivos, hacia las generaciones futuras y hacia todas las especies que habitan el Planeta. Cuestionamos el loco desarrollo económico, esperando el nacimiento de una sociedad verdaderamente humana y sostenible.

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Contacto: Marco Inglessis

Programa; en elaboracion

Promotores: Energia per i diritti umani, 

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