6 de octubre 1993

Vivimos una crisis generalizada que afecta a todos los ámbitos de la vida humana.

El proyecto de construir un mundo nuevo sin tomar en cuenta al ser humano, y el ejercicio de la violencia como método, han colocado a la humanidad al borde de una catástrofe.

Los intereses egoístas y la política mediocre de grupos con miras estrechas, junto con la ignorancia a la que están sometidos amplios sectores de la población agravan y aumentan las proporciones de la crisis, mientras que el hambre y la desnutrición flagelan a millones de seres humanos.

El desempleo hace estragos cada vez mayores, incluso en los países más desarrollados, al tiempo que conflictos, a veces sangrientos, de carácter étnico y religioso abarcan , cada vez más, nuevas regiones generalizando el sufrimiento y el malestar .

La discriminación aumenta afectando sobre todo a los sectores mas desprotegidos de la sociedad; las minorías étnicas y culturales son afectadas, cada vez más, amenazando su misma supervivencia.

El avance de la ciencia y de la tecnología permite dar solución a estos problemas, pero para ello, es necesario que la razón, la intención y la acción solidarias de los seres humanos se pongan en marcha, en esta dirección, en todos los confines del mundo.

No basta con enumerar los peligros que acechan a la humanidad e informar sobre ellos a través de los medios de comunicación. Ya ha llegado la hora de acometer medidas urgentes, concretas y solidarias con el fin de salvaguardar la vida, garantizando la seguridad y la prosperidad a nuestra generación y generaciones venideras, construyendo un mundo multifacético y afirmando la identidad de cada pueblo, confesión o grupo humano.

Es necesario garantizar la libertad de la persona frente a la opresión y a la discriminación; liberar sus capacidades creadoras frente a la deshumanización; ampliar los marcos de la democracia para superar su carácter formal, transformándola en un medio de expresión y en una garantía de los derechos para todos.

Hay que ampliar la práctica de la representatividad, potenciando la elección directa de los representantes del pueblo y el plebiscito, dándole total relevancia a toda forma de consulta popular.

Son los electores quienes se reservan el derecho de revocar a sus representantes en el caso en que pierdan su confianza o que no cumplan con sus compromisos.

El consenso como método para resolver conflictos es la forma adecuada en lugar de imponer por la fuerza la voluntad de la mayoría ya que eso no puede reflejar ni los intereses ni la voluntad auténticos. Esto se evidencia claramente en los conflictos étnicos y religiosos en donde el concepto de mayoría no es, cabalmente, aplicable.

Aspiramos a crear expresiones sociales, económicas, políticas y culturales que puedan garantizar el despliegue de la capacidad y el potencial de los pueblos.

Es necesario aunar los esfuerzos del trabajo y el capital para lograr, entre todos, la máxima productividad sobre la base de la acción y la gestión conjuntas.

Aspiramos a transformar las acciones espontáneas de protesta en programas de acción consciente en todos los ámbitos. No pretendemos imponer nuestros principios e intenciones; nuestro objetivo es cohesionar a los diferentes grupos, culturales, científicos, políticos, etc., con el denominador común de la orientación humanista, reuniendo intenciones para la realización de obras conjuntas en la dirección de la afirmación de la dignidad humana.

Estamos seguros de que el trabajo desarrollado en el Congreso ha contribuido al intercambio de experiencias en el sentido expuesto y que permitirá lograr el entendimiento con otras organizaciones de inspiración democrática y humanista.

Los trabajos del Congreso, desafortunadamente, coinciden con unos días trágicos para los seres humanos habitantes de Moscú, Rusia, los países fronterizos y el mundo en general. Apoyamos el esfuerzo reformador de las gentes de este país, en la seguridad de que este proceso conducirá a una situación mas coherente y positiva para el pueblo ruso.

Estos acontecimientos vividos en Moscú nos reafirman, aún más, en nuestros principios humanistas y en el rechazo de la violencia como medio transformador de la sociedad.

Moscú 6 de octubre 1993